1 jul. 2015

Sobre por qué del 0 al 10, la Copa América y "Argentina en la final" me interesa negativo ocho (-8)

Sin ánimos de ponerme proselitista ni esencialista, quisiera decir que de mis viajes a Paraguay:
  1. Aprendí de música (de bailar, claro, con amigxs paraguayxs cachacas y vallenatos colombianos, sí, en Paraguay aprendí sobre mucha música latinoamericana que desconocía).
  2. Me enseñaron el valor del tereré, que no es sólo el “mate frío”, sino el único que apalea un calor que no pensé que existía en ningún mundo urbano (se lo atribuía sólo al inhabitable Sahara).
  3. Comprendí el valor de la solidaridad en serio, esa de que te den cualquier cosa, o de que no puedan ver a alguien llorando en la calle sin que se te acerquen 5 personas a tratar de resolverte un problema. Cosas que suceden en Asunción, que es tan capital de país como Buenos Aires.
  4. Fui instruida en lo temible que puede ser una dictadura (yo que nací en democracia) y lo fuertemente arraigada que puede estar en la sociedad incluso en tiempos que democráticos.
  5. Padecí la violencia y la urbanidad hostil inherentes al capitalismo y comprendí que “sí se podía no protestar” cuando protestar significaba que se mueran 5 o 10 personas por violencia estatal y dejé de preguntarme “¿cómo es que no salen a prender fuego todo?”
  6. Vi por primera vez cómo una Guerra ocurrida hace 150 años atrás fue salvajemente sangrienta y traumática, pero también es salvaje y traumáticamente utilizada para regenerar recelos regionales que sirven para que pierdan los mismos de siempre y sigan ganando esos que nunca han perdido.
  7. Comprobé que los indígenas allá son tan vapuleados y ninguneados como lo son en Argentina, incluso cuando aún se hable numerosamente su idioma. Que el desprecio hacia “lo indio” es igual de fuerte que el que me enseñaron en la escuela, cuando nos disfrazábamos de Colón en los actos y explicábamos cómo traíamos la civilización desde Europa.
  8. Entendí que “la garra guaraní” es un mito nacionalista, xenófobo y patriotero que no le sirvió nunca ni al pueblo paraguayo ni a los guaraníes, sino a la elite dominante que encontró la forma de aislarlos y separarlos de las demás “garras” latinoamericanas, que no son más que los pobres y los laburantes.

Cuando en contexto de fútbol (un deporte cuyas grandes ligas desprecio por la maraña irresoluble de capitalismo, mafias y corruptelas que presupone) por un lado salen los “Kurepas” a explicar lo superior que son los argentinos a los paraguayos y blablablá (con metáforas de fútbol y con slogans xenófobos que se pretenden reales y verídicas) y por el otro sale la “Garra Guaraní” a explicar cómo los argentinos son traidores, soberbios y pedantes, y la nueva triple alianza y blablablá me doy cuenta lo bien que funcionaron todos esos dispositivos de allá y de acá para armar un monstruo, que no sea el capitalismo ni la clase dominante ni el dueño de los medios de producción, sino el poblador del país vecino, sobre el que se han creado relatos e historias de “otredad” y “lejanía”.


No es que crea que todo lo que yo aprendí en Paraguay es la verdad absoluta ni generalizable, pero me sirve perfectamente para entender que lo que sucede en un partido de fútbol tampoco lo es, y en todo caso, es aún mucho menos universalizable que lo mío.