21 sept. 2014

Maldiciones del día de la Primavera. Porque hasta que la revolución feminista se alce en armas, lo que me queda es desearles todo esto...

El tipo, marido monogámico en vigencia de una gran amiga que estaba (sólo por 3 semanas) voluntariamente internada en un hospital neuropsiquiátrico, mantenía una comunicación relativamente rara. Me contaba poco, muchísimo menos de lo que le preguntaba. Yo también lo consideraba amigo… tantas veces de vernos y reírnos los tres.

Claro que él la dejó un día de esos menos de 20 que ella estuvo encerrada. Así como lo cuento. Fue al hospital, al pabellón donde ella se encontraba y le dijo “es muy fuerte todo esto. Yo no quiero salir más con vos, estoy teniendo sexo con otra persona hace meses”. Estaban legalmente casados. “Abandono de enfermo” que le dicen, algo que él sabía porque es abogado. Claro que de todos estos detalles yo no supe nada hasta que ella salió y me lo contó. Él me dijo que la había dejado (pero me dio otras causas) y me contó la situación una noche en la que pasó por casa para que me ponga el día sobre la situación de mi amiga. Claro que el poner al día sobre la situación de mi amiga desencadenó en él algún extraño mecanismo patológico que le hizo creer que podíamos tener sexo y me lo planteó dos veces. Claro que es obvio que para un varón patriarcal en una cultura machista y misógina como la que caracteriza a nuestra región, era obvio que si él dejó a mi amiga y yo lo recibí para charlar era porque lo deseaba, porque claro que en este sistema de mierda los tipos creen que naturalmente todas las minas morimos por saltar encima de ellos en el momento mismo en el que ellos nos habiliten.

Lo repito para que se entienda mejor: Mi amiga, esposa de él, estaba internada voluntariamente por un período corto de tiempo con un cuadro psiquiátrico agudo, él fue y la dejó al hospital, y su siguiente paso fue venir a ver si podía encamarse conmigo. Claro que seguramente NO tuvo en cuenta que incluso en este sistema las mujeres que nos decimos y somos feministas tenemos códigos, que no hay nada más fuerte para alguna de nosotras que la solidaridad de género y que, para muchas de nuestro gremio, era preferible la auto castración química que envolvernos con un representante de ese tipo de sujetos en nuestras sábanas.

“Que cuando enciendas el velador te mueras de frío”, dice Zambayoni (un cantante argentino del bajo fondo con unos niveles inconmensurables de misoginia asquerosos). Pero se queda corto. Y encima se lo desea a una mujer, como si las desgracias de haber salido con él no hubieran sido suficientes, le desea soledad nocturna, frío y tristeza.
Yo les deseo otras cosas… más temibles… les deseo lo mismo que nos han hecho.

  • Que cuando quieran no puedan y cuando no quieran sea tan compulsivo e indetenible que no haya forma de parar.
  • Que por cada cuidado que no dieron, llamado que no hicieron y mensaje que no mandaron les quiten una semana de vacaciones o cien pesos de su salario.
  • Que les duela lo que a ustedes no les dolía (pero a ellas sí) y que lo que les daba gracia les parezca soso y desabrido.
  • Que cuando conozcan al novio de sus hermanas y se den cuenta que es de la misma calaña que ustedes, no sepan cómo decirles a ellas que entre iguales se reconocen rápido.
  • Que 4 o 5 veces al día, la ansiedad que le dio a ella sentir que la estaban cagando, les aparezca de la nada y no sepan por qué llega ni cuándo se irá.
  • Que cada vez que quieran entablar una relación (humana y de cualquier tipo) todxs los reconozcan y les digan “ah, vos sos el sorete que maltrato a XXXXX, ¿no? Ya escuché hablar de vos” y den media vuelta y se vayan.
  • Que se sientan tan desahuciados y abandonados como ella se sintió cuando la dejaron pero que no puedan remediarlo nunca, que queden simbólicamente atrapados dentro de ese pabellón neuropsiquiátrico.
  • Que por cada una de las veces que hayan sido patriarcales y misóginos una de las arterias de su cuerpo se tape.
  • Que se queden sin palabras para su chamuyo, o que les sobren pero ninguna tenga sentido.
  • Que amanezcan mujer en esta sociedad y con un tipo al lado tan desagradable, pedante, egocéntrico, jodido, machista y egoísta como ustedes.
  • Que no haya mano amiga, ni abrazo materno ni palmada en la espalda de padre que los consuele.


Porque hasta que la revolución feminista se alce en armas, lo que me queda es desearles todo esto en cada una de las reuniones que tengamos y esperar con alegría que un día se haga realidad.