3 ago. 2011

En el nombre de Michel Foucault, del hijo y del espíritu de la revolución

Magui: ¿Este es el ascensor nro. 2?
Encargado: No, ese es el 3.
Magui: Ahhh entonces el de al lado es el 2.
Encargado: No, ese es el 1.
Magui: ¿Y dónde está el dos si no es exactamente al lado del 3?
Encargado: a la vuelta, subiendo la escalera, pasando el portal, encontrás el ascensor 2.

Ese fue el camino que tuve que tomar para entrar al consultorio del médico (neurólogo II) al que me había mandado otro médico (neurólogo I) al que me había mandado otro médico (traumatólogo-talle único), aunque todos ellos se hacen llamar doctores.

Entré en el laberinto. Llegué y me dijeron que tenía que pasar, ponerme cómoda y disponer mi cuerpo a que me hagan descargas eléctricas para ver cómo las medía mi cerebro (cualquier parecido a la picana de los setenta NO es pura coincidencia). Las patadas eléctricas serían en piernas y brazos (en ese momento agradecí tener dos de cada y no más). Empecé a preguntarme cómo mierda se supone que una se ponga cómoda sabiendo esa información.

Me enchufaron. “Quedate quieta, la cabeza ahí, te voy a colocar esto. No te vas a poder mover”, dijeron.
El señor se dispuso a mis espaldas, a descargarme electricidad en el cuerpo, protegido en un cuartito, asegurándose que no lo vea y no pueda escupirlo con cada una de las patadas que me daba.

En un momento, irritada apelé a preguntar: “pero ¿qué se supone que pase? ¿Cómo tiene que responder? ¿Qué es lo que, en teoría, estás buscando?"
Ahí saltó la guardia pretoriana mediocre que sostiene altivamente el discurso de “el doctor es dios”: la secretaria: “mmm vos quedate tranquilita ahí, no te movás. Acá el conocimiento lo tiene el doctor. Sólo él sabe esas cosas”.
Magui: Pero es mi cuerpo y me está doliendo, deberían explicarme qué están haciendo.

Médico (desde el más allá, en la retaguardia, protegiéndose de mi creciente ira): ya va a terminar y después te vas a olvidar.
Magui (al médico): Escuchame vos ¿con todas las inversiones que hacen en la cirugía estética, no pueden evolucionar también los estudios neurológicos? Me tenés enchufada a una máquina dándome descargas. ¿No te parece un poco violento?
Médico: Este estudio da buenos resultados. ¿Por qué tendríamos que cambiarlo?
Magui: ¿porque los supuestos “buenos resultados” se sostienen sobre la humillación del paciente, en generarle dolor y en someterlo a un maltrato pero con una excusa científica?
Médico: esas no son causas suficientes. Ahora no hables, que si te callas, terminamos antes, sino, esto se va a hacer largo.

Y me guardé al silencio, redactando mentalmente la siguiente carta:

Estimado Michel: hoy fui víctima del juego de poder y dominación que sufrimos los pacientes dentro del sistema médico. Sometieron mi cuerpo a descargas desconocidas para descubrir fenómenos más desconocidos aún, por medio de técnicas arcaicas aplicadas con disfrute sádico del médico.
Estuvimos meditando mucho con algunos colegamigos (Mera Correa, Macor, Jorge de "la raza") y queríamos avisarte que una nueva era se aproxima. En tu honor, se llamará la “Era Foucault” donde la “caza de brujos que visten ambo” será el deporte nacional, premiado con sacos de oro, que robaremos a los capitalistas burgueses luego de hacer la revolución. Se volverá inexorablemente al chamanismo y se instruirá a la población en el anarcosocialisfeminismo de izquierda radical. Esperamos todo tu apoyo y tu buena onda de pelado con polera desde el más allá. Saludos de resistencia. Harén.