10 may. 2011

Tres del transporte público

1. El célebre dicho de uso frecuente en la vida cotidiana “nunca falta alguien que sobra” es abruptamente modificado en los colectivos de larga distancia, en viajes de más de 9 horas durante la noche, por “nunca falta alguien que ronca”.

2. Existe una raza de taxistas caracterizada por ser inmundamente garcas, que cuando te subís y le decís la dirección a la que deberías haber llegado hace 25 minutos, elige exactamente la misma ruta que el colectivo (que no te tomaste para no demorar más tiempo) agarra. De esa manera, queda tan trabado en el tránsito como el bus que esquivaste, llegás tan tarde como no querías, recorrés todo a la misma velocidad que evitabas, pero pagás 35 veces más. Una ganga.

3. Hay ciertos horarios donde los colectivos urbanos se vuelven una lucha desopilante entre viejxs minusválidxs, embarazadas y mujeres con niñxs que son capaces de matar por conseguir un asiento. La escena es un show de defectos o incapacidades: el que muestra la mayor dificultad para ir parado gana. Lxs no embarazadxs, ni rengxs, ni viejxs, ni madres, acabamos por mirar todo con desconcierto rogando llegar a destino en breve y con la constante amenaza de que rueden niñxs, bastones y personas por el piso tras una trifulca.