21 mar. 2011

Mientras el hombre asa la carne, la clase dominante se come a los pobres y los pobres tienen hambre

Como ya le conté a Jasper, en mi pueblo natal, General Pico (La Pampa) se llevó a cabo un proyecto muy “progre” y súper revolucionario que consistió en asar 13 mil kilos de carne (¡Uh, no!... esperen, eso de progre no tiene un carajo).
Bueno, así las cosas, la tía Magui decidió esperar a que alguien reaccione, se espante y les cague el asado o en su defecto que el dios de los creyentes hiciera que ese día lloviera torrencialmente, o en su defecto que alguien entrase en razones. Nada de esto sucedió, se cocinó la carne, se vendieron todas las porciones y lógicamente se ganó el récord Guinness que es algo que a todos nos preocupa muchísimo sobre todo porque aporta mucho al capital simbólico de cualquier sociedad (¡Uh, no!... esperen, no aporta nada). En medio de un ataque de Indignación “in exceso” (ver este post para clarificar concepto) escribí una pequeña carta de lector que claramente no fue publicada en ningún diario local. A modo de protesta poco protestosa, la escribo acá, a ver si al menos ustedes me simulan un debate y rémenla porque necesito discusión.

El asado, un hecho político
Parece un honor y hasta se podría confundir con algo que amerite festejos. Parece un decoro, un inconfundible suceso de reunión y felicitaciones. Parece un premio merecido: obtener el record guinness. Como si conseguirlo dijera algo de nosotros que no se puede decir de otra forma, como si aún hoy en día necesitáramos de la aceptación y galardones internacionales para sentirnos orgullosos.
Trece mil kilos de carne que no sólo derivan de la matanza de muchos de animales, sino que son una bofetada violenta en la cara de aquella Argentina que sigue teniendo hambre, que sigue estando desnutrida y que sigue siendo masa de maniobra en años electorales.
El “asado más grande del mundo, logrará posicionar a la carne pampeana en todos los puntos geográficos del mundo, haciendo de la provincia ganadera un centro de exportaciones”, podrán decir los que creen en el mercado mundial, en el capitalismo agroexportador y en la teoría de la riqueza que se expande hacia abajo.
El asado más grande del mundo fue vendido, no donado. “Pero se vendió a precios accesibles” dirán los que piensan que me quejo en vano, los que creen que criticamos todo y que nada nos pone bien. Pero no importa el hecho de ser vendido a 7 u 8 pesos, importa que no fue regalado a los que no pueden comprar nunca su ración de carne. Porque hasta en la provincia ganadera por excelencia la carne es cara, muy cara.
Al principio pensé que alguien que aún viva en esa ciudad iba a decir algo, que alguien iba a pensar que era un violento acto en contra de los animales y la naturaleza.
Luego me di cuenta que en una provincia ganadera (dentro de un país capitalista, dentro de un mundo de iguales características), pensar en el respeto a los animales que generan la ganancia más abundante a las arcas locales era una entelequia.
Más tarde, entonces, consideré que algún piquense o pampeano o ciudadano en general, expresaría su rechazo a un acto en el que, mediante la cocción colectiva de miles de quilos de carne, se ponía en evidencia lo rimbombante de un modelo económico. Luego me sorprendió que no sucediera y ver la noticia subida en todos los medios masivos de comunicación con una tonalidad de fiesta y de celebración.
Decidí entonces NO creer que la matanza de animales y el hecho de cocinarlo era una acción sólo dedicada a salir en un libro, con un record mundial que poco tiene que ver con nosotros y que mucho tiene que ver con un directivo de la cervecería Guinnes. Este es un acto político y un acto económico.
Seguro contestarán argumentos que incluyen “lo nacional”, “ser argentino es lo telúrico: el asado”, y yo pensaré que si creemos que esto es ser argentinos, si creemos que a esto se limita el ser nacional, que si no podemos ver que esto es una demostración de poder económico ostentoso, que esto es un acto violento con la naturaleza, que esto desnuda el esqueleto perverso de un sistema productivo nacional, entonces, estamos perdiendo de vista lo importante.

Si ser parte de “un proyecto provincial” consiste en asar 13 toneladas de asado y agradecer entrar a un record mundial y “ganarle a los uruguayos”, entonces creo que no estamos en la misma vereda.