12 nov. 2010

Algo más sobre la medicina. Hoy: prepagas y obras sociales

Tres cosas que en este post y en este otro post NO dije sobre la salud, la medicina y el robo a mano armada en el que se convirtieron las prepagas y obras sociales (entre los tres, tenemos un panorama bastante completo de todo lo ‘que nos pueden cagar en mente, cuerpo y alma’):

Nº 1: Las prepagas actualizan sus precios según las reglas del mercado nacional-multinacional-internacional, según la inflación y según la cotización del dólar. Este hecho jamás es acompañado por un incentivo en la actualización de prestaciones, coberturas y listas de medicamentos que sí cubran.

‘La indexación de precios a pagar por el afiliado (o ‘pelotudo que garpa pa’que lo garquen’), es inversamente proporcional a la indexación de la calidad del servicio’

Nº 2: No importa cuán progresista, bien intencionada y precavida sea la ley que el Gobierno dicte a favor de las mujeres y sus derechos anticonceptivos, la prepaga u obra social siempre encontrará la ‘forma legal no legítima’ de no cumplirla y que la “planificación familiar” siga costándonos una puta fortuna.

‘Lo bueno de una política pública destinada a la anticoncepción es directamente proporcional a la fuerza de resistencia que ejercerán a la misma todas las prepagas y obras sociales’


Nº 3: Absolutamente nada se realiza en el momento. Siempre falta un papel y un certificado y nunca se podrá cobrar un reintegro dentro del mes corriente, ni el siguiente ni el otro (cosa que se agrava cuando el monto a devolver es mayor a 40 pesos).

‘La efectividad del servicio burocrático administrativo de la obra social o de la prepaga funciona en contradicción con la necesidad del afiliado de que le reconozcan la credencial, los requisitos presentados y le devuelvan el dinero’