29 oct. 2010

La increíble historia del 'cinismo de la muerte'

La muerte es una figura complicada… No sabemos muy bien como analizarla. La cultura occidental se ha declarado bastante ignorante a la hora de hacerle frente al “final de la vida”.
Ya sé que esta aclaración parece pelotuda pero (relacionando con aquel burlesco post) quiero remarcar esto de que al no saber “qué hacer con la muerte” muchas veces no sabemos “que hacer con el muerto” y con su memoria y con sus acciones y con lo que nosotros opinamos sobre esas memorias y acciones.
Todo lo malo que dijimos de esa persona (en vida) nos resulta pesado y culposo. Entonces tenemos que “reivindicarnos” con la muerte, reivindicándonos con los muertos. Y de golpe la muerte convierte a la otra persona en todo aquello que dijimos que no era o incluso en mejores cosas de las que dijimos que sí era.
Aflora la hipocresía y parece ser que todos los que odiaban a Alfonsín reconocen su carisma de líder y los que deleznaban a Nestor Kirchner lo ven como el animal político más acabado y más superador de la “raza política argentina”. Y no quiero decir que no lo hayan sido, porque no quiero meterme con las opiniones, QUIERO decir que si no creíste que lo fueran antes de morirse, entonces no creés que lo sean ahora. Quiero decir que el cinismo debería ser erradicado de los discursos o al menos, si no se puede erradicarlo, deberíamos evidenciarlo más.

No vamos a hablar de la muerte de Néstor Kirchner, porque no hablamos de la muerte de Raúl Alfonsín, ni la de la “Negra” Sosa y porque tampoco hablamos de la muerte de Mariano Ferreyra… quien tuvo la desgracia de ser “ciudadano de tercera”, no ser velado con pompas y no tener una gran peregrinación de gente elevando cánticos en su honor… quien murió como un perro sin tratamientos médicos carísimos ni atención de primera las 24 hs. y de quién aún nadie se hace cargo de la muerte.

Vamos a hablar de la hipocresía y del cinismo y de los dobles discursos y de cómo la gente ama quedar bien con los muertos… o con los vivos que amaron a esos muertos… o con los vivos que odiaron a esos muertos pero que fingieron a lo largo de sus vidas haberlos amado.
He leído y escuchado muchas personas, amigxs, compañerxs, conocidxs, periodistas, políticxs y demás elementos con vida humana decir del “señor K” cosas que hasta hace dos semanas no hubieran dicho ni drogados con 12 líneas de merca de las que consumían Cópola y Maradona en los buenos tiempos. Gente con campañas anti K marcadas hablando de las bondades de la presidencia del recientemente fallecido.
Y la gente seguidora genuina del muerto, que no podía dejar de pregonar lo mucho que esperaba que los archi enemigos del difundo hablaron mal del mismo (casi con deseo… con el deseo de seguir reafirmando un enemigo en común)…
Pero no compañerxs,
no hay nada como la muerte del enemigo para aminorar los deseos de muerte del enemigo
no hay nada como la muerte para transformar al otro en un ser de bien, necesario e irremplazable
no hay nada como la muerte para convertir a quien odiábamos en un sujeto digno de admiración
incluso cuando para todo eso, tengamos que desdecir todo aquello que venimos diciendo hace años
.

Y esto lo escribí yo… Ni Horacio Verbitsky ni Mempo Giardinelli ni ningún otro que la tiene larga y se la enrosca en la cintura. Lo escribí yo, quien probablemente tenga tan poca pompa y tan poca suerte como Mariano Ferreyra que murió baleado y a nadie le importó.