26 sept. 2010

Mujeres y desaciertos

No sé si hay algo más deleznable para una feminista devenida en ultra feminista como yo, que cruzarme con alguna dama, más testaruda que caballo ciego, que siente agredido (o acosado o molestado o incomodado o lo que sea) al chabón con el que sale (o gusta o desea o admira o ama o lo que sea).

Un ejemplo de esto pueden ser esas damas que al sospecharse engañadas empiezan a atormentar a las ex novias de su pareja para “pedirles que dejen de molestar a su novio porque ella sabe que él la ama y que las demás quieren meterse en el medio” (como si el hecho de amedrentar a las ex, dejara de lado el detalle menor y prescindible de que el caballero puede seguir su búsqueda en los restantes 114 lugares que frecuenta).
Otro ejemplo (ando muy dadivosa con la argumentación, no se puede quejar) lo conforman las damas que cuando "tienen una relación" con algún caballero, lo comentan incansablemente en todos los ámbitos de su vida, argumentando que es la mejor forma de evitar "malos entendidos o que alguna de sus conocidas quiera seducirlo" (como si el hecho de lograr que las 30 mujeres que te rodean lo sepan, hiciera que no tengas riesgos de que te engañe con las demás 30 millones que viven en el Planeta Tierra).
Pero el caso que nos convoca hoy es de otra índole. Resulta que estaba paseando por un blog amigo, cuyo propietario es un colegablogger con quien establecí una especie de complicidad desde el chiste y la burla.
Firmo como siempre, con mi comentario ácido (más ácido cada día, dependiendo de las condiciones de existencia cotidianas a las que me somete esta vida).
A continuación postea ella, “la dama ofendida” defendiendo a capa y espada el orgullo de su hombre…
Ella que no soporta que otra mujer pueda ver fisuras dignas de bromas en esa gran estructura que ella ve perfecta…
Ella que cree que si no mea al hombre cual perro, entonces va a quedar mal…
Ella que sospecha que la única forma de lucirse es quedar como una pelotuda…
Ella busca hacer una conexión con el susodicho, desde el hecho de “ofenderme a mí”. Una situación que se me presenta bastante ridícula, tan ridícula como tener que leerla quejarse por un chiste que no entendió de una situación que no entendió...
Ella que debería ser amiga de las estudiantes de medicina del post anterior...

Compañeras mujeres, hago un llamado a todas ustedes para reclamarles, con jerarquía constitucional, a riesgo de ser todas empaladas en la plaza pública el día que hagamos la revolución: son cientos de años de machismo efervescente, muchas décadas que confirman que hemos hecho las cosas mal, dejen de actuar como idiotas, no hacen más que desprestigiarnos.

Recuerden que “el mundo femenino se divide en dos: las mujeres que siguen actuando felizmente dentro de la lógica machista y las que nos vamos a organizar para matarlas en cualquier momento” (López, 2007).
Amén y Harén