18 sept. 2008

Haga Patria... Mate a mi Perro

Él se "auto lleva" su correita, convencido de que es el dueño de su paseo. No se sabe si recuerda o no los malos tiempos, en los que dependía de la saludable solidaridad de algunas amigas -que nunca fallan- para salir a "callejear" y poder satisfacer sus necesidades fisiológicas.
Pero antes de entrar en nostalgias inexplicables... mejor contar lo que he venido a contar:
Estaba él acostado, con su bosal, que lo convierte en la mascota mas parecida a Hannibal Lecter (célebre caníbal cinematográfico), mientras me miraba reclamándome mi ausencia de 6 horas y el castigo de haberlo dejarlo mañatado.
No quería levantarse de la cama: Enojado él... desde ahí nomás vigilaba, evitando que el Síndrome de Estocolmo lo llevara a mis brazos y a jugar conmigo, como "si nada hubiera pasado".
Pobre inocente de mí (he descubierto que el 90% de las veces, las cosas que creo no son tales -leer post anterior para darme la razón-).
Muy campante, Simón, había inventado la técnica para despedazar con sus garras (puesto que sus dientes estaban cubiernos por el bosal "hannibalesco"):
1º la cartilla de la obra social (solucionable)
2º la agenda (de todos modos no la usaba)
3º el cubrecama de mi compatriota, coterrána y compañera de aventuras desde los 5 años y
4º (acá la cagamos) la tapa del libro de mi amiga; ese mismo que jamás se encuentra en la librería, que se agotó en todas partes del mundo, que nadie consigue ni conseguirá hasta el fin de los tiempos jamás...

Gracias Simón... a la poca gente que me quiere, te has encargado de restarle un exponente.